Diseño + Tecnología: ‘legal design’

En otras columnas hemos hablado bastante sobre el rol de la tecnología en el derecho y cómo distintas startups y tendencias tecnológicas están cambiando la profesión. A medida que más personas van conociendo estas tendencias y crece el número de conferencias sobre tecnología legal (“legal tech”) en el mundo, es apenas normal que la conversación alrededor de innovación legal se centre en la tecnología. Sin embargo, es preciso señalar que la tecnología no es lo único fundamental para generar innovación legal.

 

Para evitar el fetichismo tecnológico en el derecho, es clave introducir el diseño a la conversación. Esto se hizo hace mucho tiempo en el mundo de la tecnología. Las grandes empresas tecnológicas cuentan con equipos de diseñadores (diseño de servicios, interacción, experiencia de usuario, contenidos, visual, etc.,) e inclusive tienen el rol de “Chief Product Officer” (Presidente Ejecutivo de Producto) o “Chief Design Officer” (Presidente Ejecutivo de Diseño)

 

Por esta razón, es fundamental hablar de diseño + derecho (legal design). El diseño legal es la aplicación del diseño centrado en las personas al mundo del derecho. Esto busca hacer que los servicios legales sean centrados en los usuarios, fáciles e intuitivos, y satisfactorios para ellos. En otras palabras, un enfoque de diseño de los servicios legales pone a las personas y sus contextos como el foco, cuestiona cómo se puede mejorar su status quo y luego considera el potencial de la tecnología como una intervención. Y es que el diseño ofrece métodos y prioridades para transformar el sector legal, para hacer que los resultados legales estén más alineados con lo que desean sus usuarios, y para crear nuevas visiones ambiciosas sobre cómo se pueden proporcionar los servicios legales.

 

Introducir el proceso creativo de diseño a los servicios legales abre las posibilidades para el desarrollo de nuevas formas de prestar servicios jurídicos y crear nuevas formas de acceso a la justicia. Herramientas como la empatía, síntesis creativa, prototipado rápido de productos y servicios, pensamiento divergente, todo esto acompañado de un catálogo de métodos de innovación, genera nuevas perspectivas para la innovación legal.

 

La unión entre el derecho y el diseño produce grandes resultados en distintas áreas e incluso ayuda a redefinir lo que significan los artefactos jurídicos. Esta se puede usar para generar contratos visuales, amigables, fáciles de entender -y no extensos y enredados como ocurre actualmente- y que cumplan su propósito de acuerdo con el contexto en que se utiliza. Un claro ejemplo de esta intersección de disciplinas, se ve en los Legal Design Jams (el equivalente a un hackathon entre abogados y diseñadores) que busca desarrollar distintos modelos de contratos y patrones contractuales para simplificar políticas de privacidad, términos y condiciones de páginas web, e incluso la compra-venta de mercaderías de la UNCITRAL.

 

El Legal Design Lab (líder mundial en legal design) de la Universidad de Stanford (una unión entre la Facultad de Derecho y la Facultad de Diseño), usa el proceso de diseño para crear aplicaciones para mejorar el acceso a la justicia, desarrollar procesos creativos de innovación para firmas de abogados y departamentos legales y enseñarles a los estudiantes a trabajar de forma multidisciplinar para fomentar su creatividad. Este laboratorio, con la colaboración de José Fernando Torres Varela, desarrolló chatbots para solucionar conflictos, guías visuales para navegar los procesos legales, chequeos legales automatizados para startups, apps para distintas cortes en Estados Unidos, buscadores de problemas legales para comunidades sin acceso a abogados, guías para entender problemas legales, entre otras.

 

En Colombia, el difunto Centro de Innovación de la Sergio Arboleda fue pionero en simplificar y re-diseñar contratos de prestación de servicios y contratos laborales en las clases de legal design. También se daban clases sobre creación de apps para servicios legales, innovación en modelos de negocios, y en todas con apoyo de diseñadores.

 

Ya es hora de que las universidades, las firmas, los departamentos legales y el gobierno colombiano incorpore el diseño, incorpore legal design, en los procesos legales con el fin de innovar y hacer del derecho un derecho amigable para el público. El derecho no tiene porqué ser engorroso y complejo y el diseño es la herramienta que nos va a ayudar a hacerlo simple y asequible.  Los abogados necesitamos habilidades y conocimientos de los diseñadores.

 

Juan Felipe Torres V.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *