‘Blockchain’ y contratos inteligentes

os primeros acuerdos escritos aparecieron en Mesopotamia hace miles de años -hechos en tablas de piedra. Desde entonces, los contratos han sido usados para consignar memorias de las relaciones humanas, han ayudado a las personas a tomar riesgos y construir industrias y, más importante, forman la columna vertebral de las relaciones entre personas, organizaciones y el Estado. A pesar del uso generalizado de los contratos, como lo anota el profesor George Triantis, de Stanford, lamentablemente ha habido muy poca innovación sustantiva y tecnológica en estos.

 

Con la tecnología blockchain, esto va a cambiar. Blockchain -cadena de bloques- es una forma de construir bases de datos distribuidas, inmutables, protegidas por criptografía avanzada, y que a través de algoritmos de consenso asegura la validez de la información que reposa. Los algoritmos de consenso resuelven un gran problema: el doble gasto en materia digital. Para ilustrar: cuando se usa un billete físico de 5.000 pesos, solo se puede disponer del mismo por una única vez para realizar un pago. Por el contrario, cuando envío dinero en forma digital, lo que realmente envío son datos electrónicos que, a diferencia del billete físico, podrían ser enviados a varias personas. Blockchain,con su sistema de registros inmutables, resuelve dicha problemática, esto es, evitar que los datos electrónicos se distribuyan en las redes sin control alguno de su procedencia. Esto es lo que permite que bitcóin y otras criptomonedas funcionen.

 

Hay distintos tipos de blockchains, siendo bitcóin una de tantas criptomonedas que se fundan en estas cadenas de bloques. Una blockchain llamada Ethereum, por ejemplo, tiene un lenguaje propio de programación que se llama Solidity y permite, entre otras cosas, el desarrollo de contratos inteligentes.

 

En el mundo de blockchain, se habla de contratos inteligentes (smart contracts) para describir un programa informático que ejecuta acuerdos establecidos entre dos o más partes, generando que ciertas acciones sucedan como resultado del cumplimiento de una serie de condiciones específicas. En otras palabras, son contratos que se ejecutan y se hacen cumplir a sí mismos de manera automática y autónoma, cuando se dan las condiciones previamente programadas.

 

Existen varios tipos de contratos inteligentes. Unos son los contratos ricardianos, que usan lenguaje markup -sistema para anotar un documento de una manera sintácticamente distinguible del texto- para volver leíble y autoejecutable ciertas cláusulas de un contrato. Estos pueden o no ser contratos en sentido legal, dependiendo de cómo se estructuren, es decir, si se emplean técnicas en su redacción y condiciones suspensivas o resolutivas en el documento.

 

También están los contratos legales inteligentes (smart legal contracts) o contratos conectados (connected contracts). Este tipo de documentos legales hacen que los contratos pasen de papel o PDF a ser participantes activos de un sistema de inteligencia artificial, permitiendo que el sistema responda de manera automática a determinadas circunstancias, realizando pagos, creando facturas, alertando a las personas cuando un incumplimiento contractual suceda, entre otras posibilidades.

 

Un ejemplo concreto de un contrato legal inteligente sería el siguiente: un supermercado en Colombia necesita pedir 3.000 kg de aguacates de México. Los aguacates deben enviarse en contenedores de transporte con temperatura y humedad controladas (contenedores refrigerados). Cualquier problema mecánico con el contenedor refrigerado que haga que la temperatura y la humedad de la carga incumpla con los términos del contrato desencadena, de forma automática e inmediata, en una multa de la compañía naviera al supermercado, la cual se ejecuta de manera automática por el contrato inteligente.

 

Se espera que los contratos inteligentes cambien la forma como hoy se realizan negocios en las distintas industrias, así como una modificación abrupta en las industrias de seguros, financiera (especialmente las fiducias), logísticos e inmobiliarios, sin perjuicio de cambios radicales en otras. Los desarrollos que se están haciendo en este campo en muchas partes del mundo son realmente disruptivos.

 

En Colombia, las facultades de Derecho no están a la vanguardia de la tecnología blockchain ni de los contratos inteligentes, pues no hay investigación ni desarrollo frente al tema, ni mucho menos se enseña en las aulas. Lamentablemente, en estas aún predominan el estudio e investigación de temas de antaño, como lo es el Derecho Romano y su evolución, pero obviamos el futuro de la carrera, los retos y oportunidades sobrevinientes con el desarrollo tecnológico y su aplicación al Derecho. Creo que es un gran error.

 

Como hoy están las cosas, serán las empresas y sus departamentos jurídicos, así como determinados grupos de interés (el gremio de Colombia Fintech, por ejemplo) los llamados a realizar investigación y desarrollo en materia de blockchain y contratos inteligentes.

 

Hago un llamado a los abogados para que se interesen por los temas mencionados y sean parte de los distintos centros de innovación empresarial para que podamos innovar en nuestra profesión.

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